Las aves migratorias recorren miles de kilómetros cada año entre el Ártico y las zonas cálidas del planeta. Investigadores científicos de Estonia, Suecia, Groenlandia y las Islas Feroe descubrieron que, pese a esos viajes, transportan muchos menos parásitos entre islas de lo que los científicos esperaban.
El hallazgo contradice una idea extendida en la biología: que esas aves actúan como grandes “transportistas” de parásitos entre regiones distantes del Atlántico Norte. Las implicancias alcanzan a la forma en que se entiende la distribución de la vida en ecosistemas árticos.
El trabajo fue realizado por investigadores de la Universidad de Ciencias de la Vida de Estonia y la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, con colaboradores de Groenlandia y las Islas Feroe. Se publicó en la revista Journal of Helminthology.
El viaje oculto de los parásitos
El grupo de parásitos estudiado se llama Diplostomum: son gusanos planos —conocidos como trematodos— que habitan en ecosistemas de agua dulce. Su ciclo de vida involucra tres actores: caracoles acuáticos, peces y aves que se alimentan de peces.
Precisamente porque las aves que los albergan migran desde zonas cálidas hacia el Ártico, los científicos asumían que esos parásitos viajaban con ellas. Ese supuesto sostenía muchas teorías sobre la conectividad biológica en el Atlántico Norte.
El problema era que nadie había verificado con técnicas modernas si esa dispersión realmente ocurría. Los métodos tradicionales de identificación tienen límites y pueden pasar por alto especies difíciles de detectar a simple vista.
La investigación se propuso examinar, con herramientas de ADN, la diversidad y distribución real de los parásitos Diplostomum en peces de agua dulce de Groenlandia y las Islas Feroe.
El objetivo era determinar si las rutas migratorias de las aves generaban comunidades de parásitos similares entre distintas islas.
ADN en aguas heladas
El equipo usó una técnica llamada “metabarcoding de ADN”, que permite identificar muchas especies al mismo tiempo a partir de fragmentos cortos de material genético. Es una forma de “leer” la diversidad biológica de una muestra sin necesidad de ver los organismos directamente.
Se analizaron muestras de salmónidos, la familia de peces que incluye el salmón y la trucha, en distintas localidades de Groenlandia y en 16 arroyos de las Islas Feroe. También se recolectaron muestras de ADN ambiental del agua para detectar parásitos presentes en el entorno.
En Groenlandia, el equipo encontró cuatro variantes genéticas del parásito, con tasas de infección que oscilaron entre el 0 % y el 100 % según el lugar.
Una de esas variantes resultó ser, con alta probabilidad, una especie nueva para la ciencia, con una similitud genética de apenas entre el 92,6 % y el 94,2 % respecto a sus parientes más cercanos.
En las Islas Feroe no se detectó ningún parásito Diplostomum en ninguno de los peces analizados. Los parásitos hallados en Groenlandia mostraron mayor parentesco genético con los de América del Norte que con los de Islandia o el norte de Europa.
“Dado el extenso desplazamiento de las aves migratorias por el Atlántico Norte, inicialmente esperábamos una superposición mucho mayor en las comunidades de parásitos entre las islas del Atlántico Norte”, dijo el científico español Alfonso Díaz-Suárez, investigador posdoctoral de la Universidad de Ciencias de la Vida de Estonia y primer autor del estudio.
“En cambio, encontramos diferencias llamativas entre regiones, lo que indica que los parásitos Diplostomum tienen una distribución más limitada a pesar de la presencia de huéspedes altamente móviles.”
Los investigadores proponen que existe una “ventana de transmisión corta”: los parásitos solo pueden transmitirse durante la temporada de cría de las aves en el Ártico, no en las zonas donde pasan el invierno.
Esa restricción temporal, combinada con rutas migratorias específicas, reduce las oportunidades de colonización entre islas.
“Mucha gente asume que las aves migratorias transportan parásitos libremente a través de grandes distancias geográficas”, señaló el profesor Anti Vasemägi.
“Nuestros hallazgos sugieren que la dispersión exitosa de parásitos es mucho más restringida y depende de una combinación de movimientos del huésped, condiciones ambientales y los ciclos de vida complejos de los propios parásitos.”
El estudio reconoce que el muestreo se concentró en ciertas localidades y especies de peces, por lo que no puede descartarse la presencia de parásitos en otros sitios de las Islas Feroe aún no examinados.
Los investigadores señalan que los métodos de ADN permiten explorar la biodiversidad oculta de ecosistemas en transformación, algo que las técnicas tradicionales no habrían permitido detectar con la misma precisión.
Con información de Infobae




