Comer cinco huevos a la semana reduce riesgo de alzheimer

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Un equipo de la Universidad de Loma Linda, en California, demostró que el consumo habitual de huevos reduce de forma notable la probabilidad de enfrentar esta enfermedad neurodegenerativa en personas mayores de 65 años.

El estudio analizó el historial médico y los hábitos dietéticos de 39 mil 498 participantes durante más de quince años. Todos ellos formaban parte del macroproyecto Adventist Health Study-2, un extenso registro sanitario con datos de más de 96 mil personas.

Los investigadores corroboraron las cifras de diagnósticos clínicos mediante los archivos del sistema federal Medicare. Este método garantizó un seguimiento objetivo, alejado de las meras percepciones subjetivas de los voluntarios sobre su propia salud mental.

Los resultados numéricos dibujan un panorama esperanzador. Al concluir el monitoreo prolongado, dos mil 858 participantes recibieron un diagnóstico confirmado de alzheimer. El análisis detallado mostró que quienes comían cinco o más huevos por semana reducían el riesgo un 27 por ciento frente a quienes no los consumían.

El efecto protector no exige un consumo diario. La investigación reveló beneficios incluso con ingestas moderadas: quienes comían huevos de una a tres veces al mes registraron una reducción del riesgo del 17 por ciento. El porcentaje ascendía al 20 por ciento en el segmento que los consumía de dos a cuatro veces por semana.

Los científicos destacan la particularidad del diseño del estudio. A diferencia de investigaciones previas, este trabajo no interrogó únicamente sobre el huevo visible en el plato.

El cuestionario alimentario incluyó fuentes ocultas como los productos de repostería y otros alimentos procesados que contienen este ingrediente de forma imperceptible.

La comunidad científica atribuye esta potente protección a la química natural del huevo. Este alimento concentra un conjunto de compuestos esenciales para la arquitectura y la comunicación neuronal, explica Jisoo Oh, autora principal del estudio .

En la yema destaca la colina, una molécula indispensable para fabricar acetilcolina. Este neurotransmisor opera como un mensajero químico fundamental en los circuitos de la memoria. Sin niveles adecuados de colina, la transmisión de señales entre neuronas se debilita progresivamente.

El huevo contiene también luteína y zeaxantina, dos pigmentos que cruzan la barrera hematoencefálica y se instalan en el tejido cerebral. Allí funcionan como un escudo antioxidante que neutraliza el daño causado por los radicales libres. A estos protectores se suma el aporte de ácidos grasos omega-3, que fortalecen la membrana exterior de las neuronas y facilitan la función sináptica.

Con información de VTV

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