Un modelo consolidado en áreas de salud de Estados Unidos, Europa y Asia se encuentra bajo el radar de expertos argentinos con el impulso encabezado por el oncólogo Julio Lautersztain. Se trata de la enfermería de práctica avanzada bajo supervisión médica.
Lautersztain lidera la iniciativa junto a universidades internacionales para introducir en Argentina este concepto que, bajo su perspectiva, mejora el acceso, reduce costos y optimiza la atención médica.
Según describe el oncólogo, se trata de que un enfermero con formación universitaria específica actúe como primer contacto del paciente, ejecute el seguimiento clínico y contribuya a la articulación del cuidado, siempre bajo la supervisión médica, lo que permite optimizar recursos y reducir tiempos de espera en la atención inicial de enfermedades comunes y crónicas. “No compite con el médico, lo potencia. Permite aumentar el volumen de atención, mejorar tiempos y lograr mejores resultados, especialmente en enfermedades crónicas”, planteó el especialista.
De acuerdo con el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, el enfermero de práctica avanzada “cuenta con formación y capacitación adicionales en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Estos profesionales obtienen una licencia estatal y un aval nacional expedido por las organizaciones nacionales de enfermería. En el ámbito de la atención oncológica, las personas que se dedican a la profesión de enfermero de práctica avanzada a veces están a cargo de la atención primaria de pacientes y familias, regida por un contrato de práctica con un médico. También se llama enfermero practicante, EPA y NP”.
La enfermería de práctica avanzada, clave para el acceso y la eficiencia en la atención médica
Según le dijo Lautersztain a Infobae, en la región no hay escasez de profesionales sino una distribución desigual de médicos: existen zonas rurales extensas donde los tiempos de espera para procedimientos como una endoscopía pueden extenderse hasta un año y donde la distancia a los centros urbanos limita el acceso oportuno al diagnóstico y al tratamiento.
Lautersztain, médico formado en la Universidad de Buenos Aires y con más de tres décadas de ejercicio en Estados Unidos, sostiene que el verdadero “cuello de botella”, especialmente en Argentina, no es numérico, sino geográfico.
Este fenómeno regional tiene consecuencias directas en la evolución de patologías. El especialista señala: “En el ámbito de la oncología —mi especialidad—, conduce a la presentación de pacientes en estadios más avanzados de la enfermedad que podrían haberse tratado antes”.
En este contexto, la implementación del modelo de enfermería de práctica avanzada bajo supervisión médica se presenta como una solución avalada por la experiencia estadounidense: “El sistema de salud no colapsa en Estados Unidos gracias a la enfermería de práctica avanzada. Es un componente esencial del equipo médico”, afirmó Lautersztain.
Formación rigurosa y articulación con la supervisión médica
El modelo internacional de enfermería de práctica avanzada exige un proceso de formación estructurado y extenso. De acuerdo con Lautersztain, primero completan tres años de carrera de enfermería, seguidos por un año de experiencia práctica.
Después, continúan con dos años de estudios intensivos en ciencias médicas: anatomía, fisiología, patología, bioquímica y psicología. Esta capacitación les permite abordar desde el diagnóstico y tratamiento de cuadros habituales como hipertensión, diabetes o enfermedades tiroideas, hasta el seguimiento y la evaluación de adherencia terapéutica en pacientes crónicos.
La supervisión médica es un hilo conductor invariable. Puede ser presencial o virtual, lo que, según Lautersztain, resulta relevante en áreas rurales: “El médico tratante puede, en una misma unidad de tiempo, supervisar a dos o tres enfermeras de práctica avanzada, lo que resulta en una mejora significativa en los tiempos de espera para recibir atención médica inicial o seguimiento, y libera tiempo al médico para dedicarse a casos de mayor complejidad que requieren más tiempo de análisis y acción”.
Este método ya se demostró eficaz en contextos donde los médicos están sobrecargados o mal distribuidos geográficamente.
Lautersztain enfatiza: “La enfermera de práctica avanzada inicia con estudios de enfermería, graduándose como enfermera en un período de aproximadamente tres años. Posteriormente, se exige experiencia clínica práctica durante al menos un año ejerciendo la profesión. Luego, continúa su formación durante dos años adicionales, cursando asignaturas en ciencias médicas como anatomía, fisiología, patología, bioquímica y psicología, que la capacitan para abordar el tratamiento de pacientes, sobre todo en primeros encuentros, seguimientos y adherencia a tratamientos médicos, siempre bajo supervisión médica, la cual puede ser presencial o virtual utilizando la tecnología disponible”.
El proceso formativo, que incluye tanto práctica laboral como estudios universitarios avanzados, transforma al enfermero de práctica avanzada en un profesional capaz de evaluar inicialmente al paciente en regiones desatendidas. Con ello, la respuesta clínica puede organizarse en plazos mucho más cortos y con mayor eficiencia, de acuerdo con lo divulgado por el oncólogo argentino.
La propuesta no sólo tiene implicancias clínicas. Lautersztain detalló que la atención temprana reduce “costos significativamente”; en el modelo estadounidense, “cada dólar invertido en salud genera aproximadamente tres dólares de retorno”.
Los costos asociados a enfermedades avanzadas, tratamientos diferidos y complicaciones por falta de controles superan ampliamente los que implica una vigilancia adecuada y sistemática con equipos integrados por médicos y enfermeras de práctica avanzada.
Para el experto, esta estrategia adquiere especial relevancia en Latinoamérica, donde extensas áreas rurales —y, ocasionalmente, barrios urbanos de bajos recursos— sufren tiempos de espera prolongados.
Lautersztain describió: “El tratamiento de enfermedades avanzadas o complicaciones por falta de seguimiento, así como la derivación a centros terciarios o servicios de emergencia, resulta mucho más costoso para el sistema que lo que podrían lograr unidades móviles, centros comunitarios o clínicas en áreas desatendidas con personal de enfermería de práctica avanzada, actuando de forma casi preventiva y mejorando el estado de salud de la población general”.
Así, siempre según Lautersztain, los enfermeros integran la evaluación inicial, el monitoreo y la educación terapéutica, todo bajo la guía clínica del médico responsable.
El avance del modelo depende de dos factores centrales: la regulación legal y la formación estandarizada. Lautersztain subraya que la enfermería de práctica avanzada solo puede escalar con “reconocimiento legal, certificación académica y un sistema de pago”. Sin estas condiciones, la estrategia queda limitada a programas piloto de corto alcance.
Por eso, el proyecto se articula sobre la colaboración entre grandes universidades. La Universidad Austral, en Pilar, fue el primer hub argentino en sumarse, con acuerdos firmados para intercambio de estudiantes de medicina y programas de formación compartidos.
En Chile, la Universidad Católica replicó el esquema con la firma de un convenio de interés, y en Estados Unidos, la Universidad del Sur de Florida aporta la experiencia y el modelo de entrenamiento de profesionales. Lautersztain dijo que este tipo de colaboraciones “busca establecer programas de entrenamiento de enfermería de práctica avanzada que puedan desarrollarse con intercambio entre universidades, formando profesionales idóneos y de alta calidad, confiables para los médicos supervisores, sustentados en credenciales académicas”.
A esto se suma el diálogo con los sectores médicos, orientado a explicar, sobre datos concretos y experiencias extranjeras, el beneficio de integrar enfermeros de práctica avanzada al equipo asistencial. Lautersztain no duda en afirmar: “En los Estados Unidos, si desaparecieran los enfermeros de práctica avanzada, el sistema colapsaría por la interdependencia establecida entre médicos y enfermería de práctica avanzada para la atención del paciente”.
Un eje para el futuro del modelo es la instrumentación legal. Lautersztain puntualiza: “Un requisito indispensable es contar con un marco regulatorio y legislativo que permita a estos profesionales desempeñarse dentro del sistema. El diálogo con las áreas de gobierno responsables del análisis de costos en salud debe centrarse en los ahorros que implica evitar complicaciones de enfermedades crónicas o retrasos en tratamientos, que resultan mucho más costosos de abordar”.
“La tecnología, la evidencia y la necesidad están alineadas. Ahora hace falta decisión”, resumió Lautersztain para Infobae.
Con información de Infobae






