Comer en un intervalo más reducido de horas al día, de ocho o nueve, en vez de las 12 habituales, podría proteger las capacidades cognitivas de las mujeres durante el envejecimiento, según un nuevo estudio de la Sociedad Americana de Nutrición. Así, si la persona puede tomar su primera comida a las 10 de la mañana y la última a las seis o siete de la tarde, ello contribuirá a mejorar su salud.
Los científicos realizaron un experimento: durante seis meses, 47 mujeres de entre 50 y 79 años que padecían obesidad y sobrepeso participaron en un programa para adelgazar.
Las 26 féminas que comían en una ventana diaria de aproximadamente ocho a nueve horas mostraron mejoras en pruebas de razonamiento que medían planificación espacial y resolución de problemas, y también perdieron peso, en comparación con aquellas que comían en un intervalo de 12 horas. Asimismo, cometieron menos errores en las pruebas de memoria y aprendizaje, aunque no se registró una diferencia significativa en los resultados de ambos grupos.
Resultados y beneficios
«El simple hecho de perder peso ya previene parte del deterioro cognitivo relacionado con el envejecimiento, y estos datos sugieren que podría haber beneficios adicionales si se deja de comer cuatro horas antes de acostarse y se reduce la ingesta de alimentos a un intervalo de entre ocho y nueve horas al día, en comparación con la ventana habitual de 12 horas al día», afirma la profesora de la Universidad de Rutgers, Sue Shapses.
Los resultados sugieren que aquellas mujeres que reducen la ventana para comer recuerdan mejor la información en tareas cotidianas que implican memoria, atención y resolución de problemas.
Los científicos suponen que estos hallazgos podrían explicarse por las interacciones entre el ritmo circadiano, la inflamación, la salud metabólica y las vías biológicas que ayudan al organismo a detectar y responder a los nutrientes.
Con información de VTV




