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Identifican cómo el cáncer de ovario se vuelve resistente a la quimioterapia

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Foto: Archivo

Un nuevo estudio realizado por la Universidad Estatal de Michigan y publicado en la revista Cell Reports revela cómo el cáncer de ovario puede volverse resistente al tratamiento con cisplatino, uno de los medicamentos más usados en quimioterapia.

Los investigadores encontraron que, además de dañar el ADN de las células cancerosas, el cisplatino también afecta la estructura interna de la célula, llamada microtúbulos, que funcionan como soporte y ayudan a la célula a sobrevivir.

El análisis incluyó a 1.409 pacientes con cáncer seroso de ovario tratados con quimioterapia basada en compuestos de platino. Los resultados mostraron que las pacientes con niveles elevados de una proteína llamada TPPP3 tenían un pronóstico peor y menos posibilidades de sobrevivir en comparación con quienes presentaban niveles bajos.

En pruebas de laboratorio, las células cancerosas resistentes al cisplatino tenían hasta 30 veces más cantidad de esta proteína que las sensibles al fármaco. Cuando los científicos eliminaron la TPPP3 de estas células resistentes, la sensibilidad al cisplatino aumentó notablemente y la formación de nuevas colonias tumorales disminuyó.

El papel de los microtúbulos en la resistencia

Durante décadas, se pensó que la principal razón por la cual los tumores se vuelven resistentes a la quimioterapia era la capacidad de las células de reparar el daño en su ADN. Sin embargo, este estudio señala que la resistencia al cisplatino no depende solo de ese mecanismo.

Los investigadores descubrieron que el fármaco también afecta los microtúbulos, estructuras internas que actúan como el “esqueleto” de la célula y que son esenciales para su estabilidad y funcionamiento.

El cisplatino acelera la pérdida de una especie de “tapa” que protege los extremos de los microtúbulos, lo que provoca que estas estructuras se rompan con más frecuencia y reduzcan su longitud.

En los experimentos, el cisplatino incrementó la velocidad de crecimiento de los microtúbulos, pero también aumentó el número de rupturas bruscas, un proceso que los científicos conocen como “catástrofe”.

El trabajo también evaluó el efecto de otro medicamento de la misma familia, el carboplatino. A concentraciones similares a las que se usan en los tratamientos, este fármaco también elevó la frecuencia de rupturas de los microtúbulos, aunque a diferencia del cisplatino, redujo la velocidad de crecimiento de estas estructuras.

Esto sugiere que ambos medicamentos afectan la estructura interna de las células de manera distinta, aunque con un mismo resultado: las células buscan adaptarse para sobrevivir bajo la presión de la quimioterapia.

TPPP3: un posible blanco terapéutico

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que la presencia de niveles altos de la proteína llamada TPPP3 en las células tumorales se asoció con una menor probabilidad de supervivencia global. En los experimentos realizados, al eliminar esta proteína utilizando técnicas de edición genética, las células recuperaron su sensibilidad al cisplatino.

Cuando los investigadores aumentaron artificialmente los niveles de TPPP3 en células sensibles, estas se volvieron más resistentes al fármaco y adquirieron características similares a las células originalmente resistentes.

Esto sugiere que la TPPP3 actúa como una especie de escudo protector para las células cancerosas, ayudándolas a resistir los efectos de la quimioterapia.

Los autores del trabajo consideran que este descubrimiento puede ayudar a explicar por qué algunos pacientes que en principio no presentan evidencia de enfermedad pueden experimentar recaídas.

Las células tumorales, en lugar de limitarse a reparar el daño genético, pueden modificar su estructura interna: reprograman lo que los científicos llaman el “código de la tubulina”, un conjunto de cambios estructurales que estabiliza los microtúbulos y favorece la supervivencia celular bajo el tratamiento.

Nuevas estrategias de tratamiento y efectos secundarios

El estudio también analizó la combinación de cisplatino con paclitaxel, un esquema muy común en el tratamiento del cáncer de ovario desde hace años. Los resultados mostraron que el paclitaxel, al estabilizar los microtúbulos, puede contrarrestar el efecto desestabilizador del cisplatino, haciendo que las células sean más resistentes al tratamiento.

En las pruebas, al combinar ambos medicamentos, la longitud de los microtúbulos se mantuvo o incluso aumentó, y las células mostraron una mayor viabilidad. Estas observaciones sugieren que podría ser necesario revisar el modo en que se administran juntos estos medicamentos para obtener mejores resultados en los pacientes.

Más allá del cáncer de ovario, el hallazgo podría tener implicancias en otros tipos de cáncer y ayudar a entender algunos de los efectos secundarios frecuentes de la quimioterapia con cisplatino, como el daño nervioso, la caída del cabello y la pérdida de audición, ya que los microtúbulos son fundamentales también para el funcionamiento de muchas células sanas.

El equipo de investigación trabaja actualmente en el desarrollo de fármacos que puedan bloquear la acción de la proteína TPPP3. Además, estudian la posibilidad de que TPPP3 funcione como un biomarcador para identificar a los pacientes con mayor riesgo de resistencia a la quimioterapia.

También investigan si el mismo mecanismo observado en el cáncer de ovario se presenta en otros tumores. El objetivo es encontrar nuevas estrategias terapéuticas que permitan mejorar la eficacia de los tratamientos y reducir las recaídas en personas con cáncer.

Con información de Infobae