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Mitos y verdades sobre el consumo de café en ayunas

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Foto: Archivo

Para millones de personas en todo el mundo, el día no comienza de forma oficial hasta que dan el primer sorbo a una taza de café caliente. Este ritual matutino es el encargado de disipar la neblina del sueño, activar la mente y prepararnos para enfrentar la jornada laboral. Sin embargo, alrededor de esta bebida tan querida giran constantes debates y advertencias de salud.

Existe la creencia de que el café, al ser una bebida ácida, daña las paredes del estómago si no hay alimento dentro. La realidad es que el estómago humano está diseñado para soportar ambientes sumamente ácidos (como los propios jugos gástricos). Diversos estudios clínicos han demostrado que, en personas sanas, el café en ayunas no causa daño estructural en la mucosa gástrica.

Aunque no cause una patología de la nada, el café estimula la producción de ácido estomacal y, además, la cafeína relaja el esfínter esofágico inferior (la válvula que impide que el contenido del estómago suba).

Por otro lado, si bien la cafeína tiene un efecto diurético suave que hace ir al baño con más frecuencia, una taza de café aporta una cantidad de agua considerable. Consumirlo por la mañana no deshidrata, aunque siempre es una excelente práctica empezar el día con un vaso de agua pura antes de pasar al café.

De igual forma, en lugar de encender la cafetera apenas se abren los ojos, es recomendable esperar entre 90 y 120 minutos después de despertar. A esa hora, los niveles naturales de cortisol habrán comenzado a descender, por lo que la cafeína hará un mejor efecto de energía limpia sin alterar el sistema nervioso.

Con información de VTV