El hígado graso, conocido médicamente como esteatosis hepática, es una condición cada vez más común que suele estar relacionada con la alimentación y el estilo de vida. Básicamente, ocurre cuando se acumula grasa en el hígado en cantidades mayores a lo normal, lo que con el tiempo puede afectar su funcionamiento si no se corrige a tiempo.
Aunque muchas personas no presentan síntomas al inicio, este problema sí puede avanzar y provocar inflamación o complicaciones más serias. Por eso, uno de los pilares más importantes para controlarlo (e incluso revertirlo) es cuidar la alimentación todos los días.
Para evitar este mal, es necesario tomar en cuenta que comer órganos como hígado, riñones o sesos contiene altas cantidades de colesterol y grasas que pueden empeorar la acumulación de grasa hepática.
De igual forma, las salchichas, jamón, chorizo y otros productos procesados suelen tener grasas saturadas, sodio y conservadores que afectan la salud del hígado. También alimentos fritos, mantequilla, margarina, pizzas o hamburguesas contienen grasas que favorecen el aumento de grasa en este órgano.
Por otra parte, el exceso de azúcar, especialmente fructosa, está directamente relacionado con el desarrollo y empeoramiento del hígado graso.
Con información de VTV






