En el Día Mundial del Cerebro, una mirada integral sobre la salud cerebral invita a comprender que proteger el cerebro implica mucho más que prevenir enfermedades. Supone construir, a lo largo de toda la vida, hábitos y entornos que favorezcan su funcionamiento y contribuyan a preservar sus capacidades.
Cuando se habla de cuidar el cerebro, muchas personas piensan automáticamente en prevenir enfermedades neurológicas. Sin embargo, el concepto de salud cerebral es mucho más amplio. Implica preservar la capacidad para pensar, aprender, recordar, regular las emociones, tomar decisiones y mantener la autonomía durante todas las etapas de la vida.
Cada vez existe mayor consenso en que la salud cerebral no comienza cuando aparecen los primeros síntomas de una enfermedad, sino mucho antes. Los hábitos cotidianos, la salud mental, los vínculos sociales, el aprendizaje y el entorno en el que vivimos y trabajamos influyen sobre el funcionamiento del cerebro desde la infancia y a lo largo de toda la vida.
Pero la construcción de la salud cerebral no comienza en la vida adulta ni depende únicamente de las decisiones que tomamos en el presente. Los primeros años de vida representan una etapa clave para el desarrollo del cerebro y constituyen la base sobre la que se asientan muchas de las capacidades cognitivas, emocionales y sociales que acompañarán a la persona a lo largo de toda su vida.
En ese sentido, la doctora Andrea Abadi, directora del Departamento Infanto Juvenil de INECO, destaca que el cuidado del cerebro empieza desde la infancia.
“La salud cerebral se construye desde los primeros años de vida. El juego, los vínculos, la calidad del sueño, la actividad física, la alimentación y las oportunidades de aprendizaje sientan las bases sobre las que se desarrollarán las capacidades cognitivas y emocionales durante toda la vida”.
La mirada sobre la salud cerebral también alcanza al ámbito laboral. La doctora María Roca, directora de INECO Organizaciones, sostiene que las organizaciones tienen un papel cada vez más relevante en la promoción de entornos que favorezcan el bienestar.
“Seis de las 10 habilidades del futuro son habilidades cerebrales. Las organizaciones pueden contribuir activamente a la salud cerebral o erosionarla. Cuidar el cerebro también implica revisar cómo trabajamos”.
Para el doctor Guido Dorman, jefe del Departamento de Neurología Cognitiva de INECO, el concepto de salud cerebral también implica comprender que el bienestar emocional forma parte del funcionamiento del cerebro.
“La salud mental forma parte de la salud cerebral. Dormir mal, vivir bajo estrés permanente o no tratar un cuadro depresivo tiene efectos concretos sobre el funcionamiento del cerebro. Cuidarlo también implica cuidar nuestro bienestar emocional”.
Seis pilares para construir salud cerebral

El aprendizaje continuo favorece la plasticidad cerebral y ayuda a fortalecer las conexiones neuronales. Incorporar nuevos desafíos, aprender un idioma, tocar un instrumento, leer o desarrollar habilidades diferentes estimula el cerebro y contribuye a mantenerlo activo durante todas las etapas de la vida.

La ansiedad, la depresión y el estrés sostenido afectan el funcionamiento cerebral, al igual que la falta de sueño. Dormir adecuadamente y consultar cuando aparecen síntomas persistentes forman parte del cuidado integral del cerebro.

La actividad física regular, una alimentación equilibrada y el control de factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado o el tabaquismo benefician tanto la salud cardiovascular como el funcionamiento cerebral.

Las relaciones sociales significativas y los entornos que promueven el bienestar, la concentración, el aprendizaje y el descanso tienen un impacto positivo sobre la salud cerebral. Esto incluye tanto la vida familiar y comunitaria como los ámbitos educativos y laborales.

El desarrollo cerebral se inicia en la primera infancia. Factores como el juego con pares, la actividad física al aire libre, un descanso acorde a la edad, relaciones seguras y predecibles con adultos, experiencias de aprendizaje positivas y una alimentación equilibrada conforman la base sobre la que se construyen las capacidades cognitivas, emocionales, de autorregulación y las habilidades sociales para toda la vida.

Nunca es demasiado temprano para comenzar a construir hábitos protectores ni demasiado tarde para incorporar cambios que favorezcan el funcionamiento del cerebro y la calidad de vida.
Con información de Infobae




