Un paseo por la naturaleza, terminó convirtiéndose en una historia que nunca olvidará. Es que los buenos amigos, nunca se dejan atrás, nunca se abandonan … y, sobre todo, si ese vínculo es tan fuerte que los obstáculos entre una persona y su perro, sencillamente se superan.
El 24 de marzo de 2026, Jessica Johnston salió a caminar con Molly, su perrita de raza border collie de cuatro años,la zona era bastante aislada, en el valle de Arahura, en la Isla Sur de Nueva Zelanda. Todo parecía una excursión normal, hasta que pasó: Jessica resbaló y cayó desde una cascada de unos 55 metros hasta abajo.
Aunque resultó gravemente herida, un equipo de rescate logró localizarla y trasladarla en helicóptero para mantenerla a salvo y ser atendida en un centro hospitalario. Pero en medio del caos y lo complicado del terreno, no encontraron a Molly. Sin otra opción más que irse del lugar, la dejaron allí.
Mientras Jessica comenzaba su recuperación en el hospital, Molly quedó sola en plena selva, sin muchas opciones por lo aislado y recóndito del lugar.
Siete días de incertidumbre
Durante una semana entera, Molly sobrevivió en condiciones bastante álgidas: humedad constante, frío y prácticamente sin comida. Pero ella esperó, se mantuvo cerca del lugar donde había visto caer a su dueña, como si supiera que no se quedaría allí y vendrían por ella en cualquier momento.
La historia se viralizó muy pronto y, casi sin darse cuenta, tocó a muchísima gente, desconocidos que movidos por la historia, decidieron aportar dinero para ayudar en la búsqueda. Gracias a esas donaciones, se reunieron miles de dólares que permitieron organizar nuevas misiones con helicópteros, voluntarios y cámaras térmicas.
Al frente de todo estaba el piloto Matt Newton, que junto a su equipo no quiso rendirse, incluso después de varios intentos fallidos.
El momento decisivo
El 31 de marzo, cuando ya casi se agotaban las esperanzas, una última misión lo cambió todo. Desde el aire, una cámara térmica detectó una señal de calor cerca del río, muy cerca de la cascada. Sí, era ella. Era Molly.
El helicóptero descendió para que pudieran rescatarla y este ángel, bajó acompañado de otro perro, Bingo, cuyo objetivo era tranquilizar a Molly. Lejos de asustarse o huir, Molly mantuvo la calma, como si supiera que por fin la habían encontrado.
Contra todo pronóstico, estaba viva. Débil, mojada y con hambre, sí, pero viva.
Un reencuentro que lo dice todo
Horas después, Molly fue llevada a reencontrarse con Jessica, que acababa de salir del hospital, con heridas y un brazo roto, anhelando ese reencuentro. No hicieron falta muchas palabras: lágrimas, abrazos y un alivio inmenso lo dijeron todo.
Para Jessica, lo que hizo la gente fue tan impactante como el rescate. Personas que no la conocían hicieron posible que su compañera volviera a casa. Eso es solidaridad.
Con información de Últimas Noticias






