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Un estudio sobre neandertales cuestiona la teoría clásica sobre el parto y la marcha bípeda

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Foto: Archivo

Un nuevo análisis de restos fósiles de neandertales puso en cuestión una de las explicaciones más extendidas sobre la evolución de la cadera humana. A partir de reconstrucciones digitales de esqueletos hallados en Siria y España, un grupo de especialistas concluyó que el supuesto conflicto entre parto y marcha bípeda no habría sido el principal límite evolutivo de la pelvis, una idea que durante décadas ocupó un lugar central en la antropología.

El trabajo, difundido en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), examinó dos esqueletos neandertales con un grado de conservación poco habitual: un bebé de alrededor de un año y medio hallado en la cueva de Dederiyeh, en territorio sirio, y una mujer joven hallada en Sima de las Palomas, en España.

La investigación se concentró en huesos pélvicos casi completos, una rareza dentro del registro fósil, ya que esta zona del cuerpo suele aparecer fragmentada o deformada por el paso del tiempo.

La discusión gira en torno a la llamada Hipótesis del Dilema Obstétrico, una teoría que sostiene que la pelvis humana se moldeó bajo una tensión constante entre dos exigencias biológicas. Por un lado, el parto de crías con cerebros grandes requería un canal amplio; por otro, la locomoción erguida habría favorecido una estructura más angosta para mejorar la eficiencia al caminar. Esa interpretación dominó buena parte de los estudios sobre evolución humana durante décadas.

Los autores del estudio buscaron comprobar si esa tensión también se reflejaba en los neandertales, los parientes extinguidos más cercanos a Homo sapiens. La elección no fue casual. Este grupo también tenía cerebros voluminosos y una anatomía corporal robusta, de modo que ofrecía una oportunidad para poner a prueba si el mismo modelo explicaba su forma de nacer y desplazarse.

Para llevar adelante el análisis, el equipo aplicó métodos de antropología física, tomografías computadas y programas de reconstrucción tridimensional. Ese procedimiento permitió retirar de manera virtual el sedimento adherido a los fósiles y reconstruir las piezas sin intervenir el material original.

Más tarde, los investigadores compararon esos modelos con otros restos neandertales ya estudiados, entre ellos los de Tabun y Kebara, además de escaneos médicos de humanos actuales.

Qué revelaron los fósiles analizados

Uno de los hallazgos apareció en el esqueleto infantil de Dederiyeh. Los rasgos característicos de la cadera neandertal ya estaban presentes a una edad muy temprana. Entre ellos figuraban alas ilíacas más abiertas y una pelvis relativamente corta en sentido anteroposterior respecto de su anchura. Ese dato sugiere que la forma básica de la cadera se establecía desde etapas iniciales del desarrollo, y no como resultado exclusivo del uso corporal posterior o de factores ambientales.

El estudio halló diferencias en la anatomía pélvica entre neandertales y humanos modernos. Los neandertales tenían la pelvis más ancha, pero las áreas relacionadas con el nacimiento eran similares a las de mujeres actuales. Los autores concluyeron que el mecanismo del parto habría sido similar en ambos grupos.

En cambio, las variaciones más claras aparecieron en los sectores asociados al desplazamiento. Los investigadores describieron en los neandertales una menor inclinación pélvica, una curvatura lumbar menos pronunciada y brazos de palanca musculares más cortos.

Ese conjunto anatómico parece asociado a estabilidad corporal y potencia, antes que a la eficiencia para recorridos extensos, una característica más ligada al cuerpo de los humanos contemporáneos.

Por qué el dilema obstétrico pierde fuerza

A partir de esa evidencia, el trabajo cuestiona la noción de que una abertura obstétrica más amplia implique necesariamente una desventaja para caminar. Si el ensanchamiento del canal de parto no reducía de forma decisiva la capacidad de locomoción en los neandertales, entonces la base del viejo dilema pierde fuerza como explicación universal de la evolución de la pelvis en el linaje humano.

La investigación propone otra posibilidad. Según esa lectura, la presión evolutiva principal no habría enfrentado parto y marcha bípeda, sino parto y estabilidad del suelo pélvico. Esa región cumple una función de sostén para los órganos internos, de modo que una expansión excesiva del canal podría generar otros costos biomecánicos. La tensión clave habría estado entre el nacimiento de bebés con cráneos grandes y la necesidad de conservar una base pélvica firme.

La historia evolutiva de la cadera

El trabajo aporta una perspectiva de largo plazo sobre la evolución de la cadera. La comparación con fósiles de Australopithecus y especies tempranas de Homo indica que la pelvis ancha lateral de los neandertales sería un rasgo antiguo en la evolución humana. La forma más estrecha de adelante hacia atrás de nuestra especie sería una modificación posterior.

El estudio destaca por analizar pelvis fósiles completos, muy escasos, lo que antes obligaba a hacer inferencias y reconstrucciones parciales. Hallazgos previos generaron interpretaciones opuestas sobre el parto y la marcha de los neandertales, pero restos excepcionalmente preservados permitieron revisar esas hipótesis con mejor base anatómica.

El trabajo no cierra el debate, pero reorganiza una discusión histórica en paleoantropología. La pelvis, clave para distinguir sexo biológico en esqueletos antiguos, centra nuevamente la pregunta sobre qué fuerzas moldearon el cuerpo humano durante cientos de miles de años.

La publicación en PNAS deja abierta una investigación que podría cambiar la interpretación del parto, la biomecánica y la evolución de los parientes humanos antiguos.

Con información de Infobae