Los determinantes sociales de la salud pueden igualar e incluso superar al riesgo genético en la predicción de enfermedades comunes, según un estudio de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai publicado el 22 de junio en The American Journal of Human Genetics.
La investigación concluyó que los genes no bastan para anticipar quién desarrollará ciertas patologías y que el entorno, los comportamientos y las experiencias sociales aportan información decisiva.
El trabajo analizó datos del programa All of Us, una iniciativa nacional de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos, y evaluó seis afecciones: asma, enfermedad renal crónica, cardiopatía coronaria, colesterol alto, cáncer de mama y cáncer de próstata. Para cuatro de esas seis enfermedades, los factores sociales, conductuales y ambientales contribuyeron tanto o más que las puntuaciones de riesgo genético usadas de forma habitual.
Los investigadores revisaron más de 100 mediciones obtenidas de encuestas y de datos comunitarios sobre condiciones sociales y ambientales.
En lugar de limitarse a un grupo reducido de variables predefinidas, el equipo construyó un marco para detectar patrones amplios en distintas dimensiones de la vida cotidiana y medir cómo se relacionan con el riesgo de enfermar.
“Los genes son una parte importante de la ecuación, pero no determinan el destino”, dijo la autora principal, Samira Asgari, doctora en Genética y Ciencias Genómicas y profesora adjunta de Mount Sinai. En esa línea, agregó que “las circunstancias de la vida de las personas —su entorno, sus comportamientos y sus experiencias sociales— pueden contribuir tanto como la genética a predecir el riesgo de padecer enfermedades”.
Cuatro de seis enfermedades mostraron un peso social igual o mayor que el genético
El estudio partió de una pregunta central: cómo interactúan el riesgo hereditario y los factores sociales, conductuales y ambientales en poblaciones diversas de Estados Unidos. La respuesta fue que sumar esa información no genética mejoró de forma marcada la capacidad de predecir enfermedad frente a los modelos basados solo en ADN.
Asgari sostuvo que, para comprender la salud, hay que considerar “a la persona en su totalidad, no solo su ADN”. Esa definición resume la tesis del trabajo: el riesgo no surge de una sola capa biológica, sino de la combinación entre herencia y condiciones de vida.
Samira Asgari y Abhijith Biji, los dos autores citados del estudio, afirmaron que la investigación no desplaza a la genética, sino que la ubica dentro de un marco más amplio. Lo que revelaron fue que el contexto social y ambiental mejora la predicción del riesgo y tensiona la idea de que el ADN, por sí solo, puede ofrecer un mapa suficiente de enfermedad.
Los autores plantearon que la consecuencia práctica de ese hallazgo es el diseño de modelos más completos para prevención, evaluación de riesgos y atención médica personalizada. También señalaron que el trabajo no prueba causas simples ni relaciones directas entre un único factor y una enfermedad.
La soledad apareció como una asociación menos habitual en este tipo de estudios
Entre los resultados, el equipo identificó vínculos con variables que suelen recibir menos atención en la investigación genética y biológica, como la soledad. El estudio no fue diseñado para establecer causa y efecto, pero sí para señalar áreas que, según los autores, ameritan una indagación más profunda.
“Algunos factores de riesgo, como el tabaquismo, se han estudiado exhaustivamente durante décadas”, explicó el primer autor, Abhijith Biji, estudiante de doctorado en el laboratorio de Asgari y líder del estudio. Luego precisó: “Lo que resulta especialmente interesante es que también observamos asociaciones con factores como la soledad”.
Biji añadió que comprender cómo esas experiencias pueden quedar arraigadas biológicamente podría mejorar la comprensión de las enfermedades. Esa observación amplía el alcance del trabajo: no solo compara genética y contexto, también sugiere que ciertas vivencias sociales podrían formar parte del proceso biológico que termina influyendo en la salud.
Los autores remarcaron que sus resultados no deben leerse como prueba de que un solo factor conduce de manera directa a una enfermedad. También advirtieron que muchas respuestas de las encuestas fueron recogidas en un único momento, por lo que no puede determinarse si un factor específico apareció antes del inicio de la patología.
Esa limitación define el alcance real de los hallazgos: el estudio propone un marco de integración entre información genética y no genética, pero no una explicación cerrada sobre el origen de cada enfermedad. La utilidad, según el equipo, está en construir mejores modelos de riesgo.
“Nuestro objetivo es lograr una comprensión más completa de la salud y la enfermedad”, afirmó Asgari. La investigadora agregó que, al combinar genética con contexto social y ambiental, es posible avanzar hacia modelos de riesgo “que reflejen mejor la realidad de la vida de las personas y contribuyan a desarrollar enfoques más personalizados para la salud”.