No todos los cachorros pueden convertirse en perro guía. De cada diez perros que inician el exigente proceso de entrenamiento, solo seis logran graduarse y acompañar a una persona con discapacidad visual, según una reciente investigación de la Universidad de Connecticut.
El resto queda fuera por problemas de comportamiento, lo que genera pérdidas económicas y largas esperas para quienes necesitan este apoyo.
Hoy, una nueva herramienta científica promete cambiar este panorama: un test genético permite anticipar qué cachorros tienen mayores probabilidades de convertirse en perros guía exitosos, optimizando la selección y el uso de recursos desde el inicio del proceso, el hallazgo fue publicado en la revista Genetics Selection Evolution.
El desafío de formar un perro guía va más allá de la paciencia y el afecto.
Apenas el 60 % de los perros que inician el proceso llegan a graduarse y acompañar a una persona. El resto se queda en el camino, usualmente por dificultades de comportamiento, como saltar sobre la gente, morder o reaccionar ante ruidos y extraños.
Esta situación afecta tanto a quienes esperan durante años por un animal entrenado como a las propias organizaciones, que enfrentan un costo de hasta 50.000 dólares por cada perro que completa su formación. Cada cachorro que no supera el entrenamiento representa una pérdida adicional de más de 12.000 dólares.
“Si podemos saber antes de que empiecen a entrenar si van a tener éxito, eso nos ahorra mucho tiempo y mucho dinero, y además aumentará el número de perros guía disponibles para ayudar a la gente”, afirmó Breno Fragomeni, profesor asociado de la Facultad de Agricultura, Salud y Recursos Naturales de la Universidad de Connecticut, Estados Unidos.
El estudio que busca transformar la crianza de perros guía
El equipo liderado por Fragomeni analizó datos de la Lista de Verificación de Comportamiento del Registro Internacional de Perros de Trabajo (IWDR), utilizada por entrenadores en todo el mundo para valorar la aptitud de los animales.
En su investigación, evaluaron 17 rasgos conductuales frecuentes, prestando especial atención a aquellos que suelen estar asociados al fracaso en la formación, como la reactividad ante ruidos, la tendencia a morder y la inquietud con extraños.
El punto de partida fue el análisis genético: el grupo de trabajo accedió a la información genealógica de al menos tres generaciones y a las secuencias genómicas completas de 1.100 labradores retriever, la raza más común en los programas de perros guía.
“Si tengo una perra con muchos cachorros y observo el rendimiento de esos cachorros, ese rendimiento sería un buen indicador de la genética del padre”, explicó Fragomeni. Los datos genómicos permitieron determinar que existen marcadores hereditarios con una fuerte correlación con el éxito en el proceso de formación.
De la genética al entrenamiento: predicción y selección más eficiente
El hallazgo más relevante del estudio es que la información genética predice mejor el desempeño de un perro en al menos 11 de los 17 rasgos evaluados, superando las evaluaciones tradicionales basadas solo en observación conductual.
“Si tengo datos genómicos, no necesito esperar a que los animales tengan descendencia para saber si serán buenos perros guía”, declaró Fragomeni. “Solo con los datos genómicos, puedo predecir el rendimiento de todos esos animales”.
A partir de estos resultados, el IWDR puede asignar “valores de cría” que estiman la probabilidad de que la descendencia de un perro determinado sea apta para el trabajo de asistencia. Esta herramienta genética ofrece una vía concreta para optimizar la selección, reducir los tiempos y los costos del proceso, y aumentar la cantidad de perros guía disponibles.
Más allá de los labradores: hacia una nueva era en la selección de perros de trabajo
Aunque el estudio se centró en labradores retriever, Fragomeni ya trabaja para ampliar la investigación a otras razas populares en el trabajo de asistencia, como pastores alemanes y golden retrievers. Además, el equipo explora cómo la selección de rasgos específicos, como el miedo a los extraños, puede influir en otros aspectos, como la sensibilidad al arnés.
El enfoque genético no solo permitirá prever el éxito en la formación, sino también anticipar problemas de salud comunes en cada raza, lo que podría mejorar tanto el bienestar de los animales como la calidad de vida de las personas que los reciben.
“Nuestro objetivo final es encontrar una manera de que las personas puedan determinar el genotipo de sus mascotas y saber si tienen un mayor o menor riesgo de desarrollar cáncer”, señaló Fragomeni. Esta perspectiva abre una ventana a nuevas aplicaciones en la medicina veterinaria y la cría responsable.
El avance científico que representa este test genético podría redefinir el futuro de la formación y selección de perros guía, acelerando los tiempos de espera y mejorando la efectividad de los programas de asistencia en todo el mundo.
Con información de Infobae






