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Urogen, la clínica que rompe el tabú del tamaño

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Foto: Archivo

Hay temas que durante años no se dicen. Se esquivan en conversación, se convierten en broma o en silencio. El cuerpo masculino —y, más específicamente, el pene— ha sido uno de ellos. En Venezuela, reconoce el doctor Gabriel Obayi, la incomodidad de hablar sobre el taaño del genital masculino sigue ahí. Pero algo empieza a cambiar. Cada vez más hombres preguntan, consultan, se informan. Y lo que antes era un susurro, ahora entra —aunque todavía con discreción— en consulta médica.

La idea detrás de Urogen, una clínica especializada en el aumento del tamaño del pene, no nace del azar, sino de una observación repetida. “Dos de los traumas o cosas que más apenan […] lo primero es el cabello y lo segundo es el tamaño del pene”, explica. A partir de ahí, junto a su socio, Obayi decidió abrir un espacio donde ese tema pudiera abordarse sin rodeos, sin eufemismos y sin vergüenza. “Hablar sin tabú […] para que se vea mejor y con eso mejorar la autoestima y hacer a las personas, pues más felices”. La propuesta no es solo estética: es también emocional.

Pero si el tema es sensible, el entorno debía serlo aún más. No hay avisos, no hay señales visibles, no hay nada que delate lo que ocurre dentro. “El sitio es un consultorio que no tiene un aviso ni nada lumínico que diga aquí es”, dice. La experiencia está diseñada para que el paciente no tenga que cruzarse con nadie, ni explicar nada. “Cuando entras estás tú solo”. La discreción, en este caso, no es un valor añadido: es parte del tratamiento.

Hablar de este tipo de procedimientos lleva inevitablemente a una idea poco habitual: la estética del pene. No desde el morbo, sino desde la proporción. “Creo, considero que la belleza son proporciones”, afirma el doctor. Y para explicarlo recurre a una referencia clásica: el David de Miguel Ángel. Una escultura casi perfecta en todo, menos —según su lectura— en ese detalle. “El pene decepciona”. Lo que plantea no es una crítica, sino un punto: el cuerpo también responde a armonías. “Embellecer el pene, de darle proporcionalidad a las dimensiones que trae esa persona”.

En lo práctico, el procedimiento es más sencillo de lo que muchos imaginan. Se realiza con ácido hialurónico, no requiere quirófano y sus resultados son inmediatos. “Eso es un procedimiento totalmente ambulatorio y con resultado inmediato”. Todo ocurre en menos de una hora: “30-40 minutos”. Sin embargo, insiste en algo clave: las expectativas. “Ofrecemos objetivos reales para no chocar con las expectativas”. El margen está claro —“1 a 2 cm más de largo […] de 3 a 5 cm […] de ancho”— y también los límites: “No ofrecemos expectativas irreales […] ni con cirugía puedes tener esos 5 cm más”.

Antes de cualquier decisión, hay una pregunta que se repite. Siempre la misma: ¿duele?. La respuesta intenta bajar la tensión: “El procedimiento como tal no es doloroso […] la primera pinchazo de anestesia”. Pero luego aparece lo inevitable: “Depende del umbral de dolor de cada quien”.

Más allá del resultado físico, hay algo que cambia antes: la percepción. “Te va a dar felicidad, te da seguridad, te mejora la autoestima”, dice. No se trata de una solución médica a la función eréctil —“esto es embellecer tu pene […] pero no tiene que ver con las erecciones”— sino de la relación con el propio cuerpo. “Esto tiene mucho que ver también con la parte psicológica de cómo te ves tú”. Y eso, en la práctica, termina teniendo un impacto cotidiano: “Creo que eso hace parejas felices”.

El procedimiento, además, no es definitivo. “No es un procedimiento temporal, dura 18 meses”. Esa temporalidad permite decidir, probar, incluso arrepentirse. No hay un cambio irreversible, sino una elección.

Aunque la técnica no es nueva y se practica en otros países, lo distinto aquí es otra cosa: decirlo en voz alta. “Decidimos alzar la voz”, resume. Sacarlo del terreno privado, del comentario a media voz, del tabú.

Con información de El Nacional